Parecía no tener fin, las expectativas era demasiadas, pocos veían el final que estaría por venir; horas y horas de juego y un ganador que no era el que estaba en la mente del público. Sin duda, la final de Wimbledon tuvo grandes sorpresas.

Fue un encuentro épico de 4 horas y 57 minutos, para muchos era un partido que no tenía un ganador definido y en el que todo podía pasar. Si bien, justo no había nada definido, muchos pronósticos de tenis daban como ganador a Roger Federer. 

Durante el partido, Djokovic se veía inseguro, le costaba ganar sus saques, pero el resultado al final fue positivo. Por su parte, Federer tuvo oportunidades que desperdició, cualquier diferencia podría marcar una ventaja para cualquiera de los dos. 

Este panorama solo duró hasta el primer desempate, en el que Novak aprovechó un error de su rival para remontar 3-1. Sin embargo, el partido no tardaría en ponerse cardíaco, y aún más interesante, cuando el suizo alcanzó a darle la vuelta al marcador, situación que no quedó así. 

Después de terminar en un puntaje de 12-12, pasó lo imposible: se fueron a muerte súbita. Djokovic no dio lugar a más remontadas cerrando la batalla con un set de 4-1, y convirtiéndose en el campeón de Wimbledon en la categoría masculina. Después de casi cinco horas, esta final fue la más larga de la historia del torneo.

El serbio, de 32 años, ganó su quinto título de Wimbledon (2011, 2014, 2015, 2018 y 2019) y el decimosexto de Grand Slam de su carrera.

Como es tradición, Djokovic se puso de rodillas y comió un poco del pasto de la cancha; al respecto, el tenista ha comentado que esto nace porque le gusta el sabor a victoria. Y después de lo que duró el juego, no dudamos que ese sabor fuera aún más increíble.

A pesar de que para el público fue una final colosal, Novak comentó que no ha sido la más emocionante de su carrera, pero sí entra en el top de las tres mejores. Pero sin duda, nosotros no lo olvidaremos. 

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